Toda decisión tiene un punto de partida. Y, en este caso, es una fecha exacta: el 11 de junio. Ese día Juan Manzur se enteró de que no tenían un lugar en la fórmula gubernamental del oficialismo provincial. Es más, que ni siquiera lo habían considerado. Temprano para el calendario preelectoral, el gobernador Osvaldo Jaldo había cerrado dupla con el vice, Miguel Acevedo, para competir por la reelección en mayo del 2027.
Hace dos meses, la fórmula se lo comunicó oficialmente a la dirigencia en El Cadillal y, al tiempo, desencadenó la definición de Manzur de postularse para la gobernación.
La pregunta “¿Qué está haciendo Manzur?” se repite en gran parte de las conversaciones electorales del peronismo, hasta las que involucran a los que fueron parte del manzurismo en el pasado y lo que más recientemente estuvieron cerca (y ya no lo están tanto). El interrogante se da en tono de ironía, pero también con incertidumbre.
Las fotos de las reuniones que el senador protagoniza transitan de celular en celular en el justicialismo. Con vecinos, con dirigentes que no están “contenidos” en las órbitas oficiales o con representantes de instituciones afectadas por las políticas del Gobierno nacional. Algunas con grupos pequeños, otras con más numerosos. En cada uno de esos encuentros, el ex mandatario afirma que buscará ser el sucesor de su sucesor y que irá hasta el final. No lo dijo aún públicamente. Deslizó apenas un “uno siempre tiene ganas”, cuando cronistas lo abordaron y se lo consultaron a la salida de una actividad en la librería El Griego tras una actividad con el diputado Pablo Yedlin.
Las fotos posteriores de las pintadas “Manzur 2027” en algunas paredes de la Capital y del Este fueron trending topic en la red dirigencial. Fueron una señal más de que había algo más que una versión.
Sucede que, inicialmente, gran parte de los miembros del espacio creyó que Manzur decía que quería volver al sillón de Lucas Córdoba para “subirse el precio” y sentarse a negociar en la Casa de Gobierno por algún espacio en las listas provinciales o nacionales del año que viene. Renovar la senaduría, arriesgaba la mayoría. De acuerdo con diversas fuentes, sin embargo, Manzur dice que va por la gobernación porque quiere volver a ser gobernador.
En el movimiento linkean la situación directamente con la de José Alperovich en el 2019. Es decir, con la de un ex que rompe los cánones de los usos y costumbres y que quiere volver al ruedo compitiendo contra sus sucesores. Aunque se equiparan por algunas coincidencias, también hay diferencias y en la arena política las destacan. Aunque el resultado de esa experiencia no fue favorable en las urnas, Alperovich tenía mejor imagen al momento de emprender su intento. No es menos cierto lo que apuntan otros y es que otra diferencia es que Manzur se referencia con el peronismo nacional, opositor a Javier Milei, e integra espacios de decisión del movimiento.
Cerca de Manzur
La intención de Manzur no es un asunto fácil de descubrir. Desde que comenzó en política, propios y ajenos remarcan que es indescifrable y prácticamente hermético respecto de los asuntos más trascendentes. Pero quienes lo frecuentan detectan que su convencimiento es efectivamente competir y que esa voluntad va siendo cada vez más concreta. Sentencian que no se acercará ni buscará un acuerdo con Jaldo. Subrayan, de hecho, que mantiene distancia con el vicegobernador, con quien sostenía un estrecho vínculo y una amistad. El presidente de la Legislatura siempre reconoció la relación, inclusive en los momentos de mayor tensión con el jaldismo y ofició de interlocutor para el acuerdo de “unidad” en las elecciones de medio tiempo del 2025. Cerca del senador reconocen que está molesto con Acevedo.
En la Cámara consideran que el malestar es infundado porque en su momento él dio libertad de acción a todos los dirigentes que estuvieron en su armado. Además, legisladores del espacio respaldaron a Acevedo y sus definiciones, que naturalmente eran las esperables para el PJ.
Quienes mantienen diálogo con el médico advierten que está reconstruyendo su capital político y cimentando un espacio antimileísta y que su entusiasmo tiene una base. Aseguran que Manzur está convencido de que Jaldo no podría ser candidato (porque suman a sus gestiones el interinato en reemplazo del propio Manzur) y que, ante un eventual planteo, la Justicia no le permitiría serlo. Un dato de color: ya estaría por señar en una conocida imprenta el papel para la impresión de los votos.
También habría una determinación en relación al partido, que renovaría autoridades en diciembre. Si bien es presidente, está de licencia y Jaldo está a la cabeza. No estaría interesado en plantar rivalidad y no se presentaría para disputar la conducción.
El senador mantiene una agenda movida cuando está en la provincia y sus viajes a Tucumán se volvieron más frecuentes. Cuentan que a veces se va solo hacia algunas reuniones y encuentros. Este sábado, por ejemplo, tiene previstas ocho puntos distintos en Villa Fiad, Yerba Buena y Leales
Aseguran que piensa en incrementar esta frecuencia.
En general, cuenta con la compañía de referentes conocidos como el ex ombudsman Fernando Juri Debo, el ex ministro de Educación Juan Pablo Lichtmajer (es su asesor en el Senado), Yedlin o el legislador Gabriel Yedlin.
En sus alrededores afirman que cuenta con el impulso del peronismo nacional. La idea, aseguran, no es ir a una interna, tal como desafió Jaldo, sino competir por otro frente llamado posiblemente “Frente Nacional Antimileísta”.
En el caso del espacio de los Yedlin, tiene la particularidad de que estarán encolumnados con Manzur si compite, pero si no lo hace igual se presentarán con una alternativa en la Capital. Es decir, es una formación que trasciende a la postulación o no del ex Jefe de Gabinete nacional. Esta línea ya se había perfilado en 2025.
¿Manzur está cerca del diputado Carlos Cisneros? Es otra de las preguntas que dan vueltas en el escenario. La respuesta sería negativa, porque el cisnerismo estaría ocupado en una construcción propia.
Hay una porción de dirigencia no afín a Jaldo que charla -o charlaba- con Manzur. Si bien no están de acuerdo con el trato que la Casa de Gobierno brinda a la dirigencia ni con el dialogismo con la Rosada, no creen que el camino que está tomando Manzur sea el adecuado. Consideran que está enojado y que se está precipitando. Como consecuencia final, dicen, está dividiendo y debilitando al peronismo. No aceptan participar por fuera del PJ. “Hay muchos que no acompañarán a Manzur si no va por el partido, pero que no moverán un dedo para que gane Jaldo”, comenta un dirigente que no es bien recibido en los pasillos del poder.
Hay un punto de inflexión. Hay quienes aseguran que el PJ nacional avalará con fuerza a Manzur si es que Jaldo apoya la eliminación de las PASO, tal como impulsa Milei. Las Primarias son la herramienta con las que el justicialismo dirimirá su interna no sólo en el plano nacional sino en muchas provincias. Jaldo, sin embargo, ya expresó públicamente que no está de acuerdo con esta medida y que no la acompañará.
En el oficialismo
Los movimientos de Manzur son seguidos de cerca en los despachos del poder. El senador es una de las personas menos favoritas de Jaldo. La interna sigue siendo un parteaguas y lo que vino después también. En estos meses, el líder del oficialismo tiró indirectas de todos los colores a su ex compañero de fórmula. Que no volvió a Tucumán; que no gestionó nada para la provincia; que arma asados a escondidas y que todavía le cuesta revertir aspectos de la “herencia” de su gestión son algunas de ellas.
En la gobernación repiten que no acordarán ni media banca de concejal con el manzurismo y que los tiene sin cuidado. Afirman que la imagen negativa con la que carga Manzur -y que reflejan múltiples sondeos de distintas fuerzas de la provincia- es muy difícil de revertir y que tampoco cuenta con un capital político necesario. Y este es un punto fundamental que subrayan con felpón. Al acordar con Acevedo y con la intendenta Rossana Chahla, cerca de Jaldo están convencidos de que cerraron toda posibilidad de ser competitivo.
Si bien Manzur les molesta, están convencidos de que ese camino tiene un techo bajo.
Toda decisión tiene un punto de partida. La de Manzur parece haber comenzado aquel 11 de junio. Desde entonces se reúne, reconstruye y asegura, puertas adentro, que irá hasta el final. Por eso, quizás, la pregunta que se repite en el peronismo ya no debería ser “¿qué está haciendo Manzur?”, sino otra: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?